Bailan sin | Cesar

¿Quién carajos si no yo, complico las cosas?

Y los ángeles vendrán…

Posted by DDay en diciembre 21, 2007

Nevada

Y los ángeles vendrán 

Mira papá lo que dibuje. ¿Qué es eso? A ver. Los ingenuos trazos con crayones componían una familia, la ignorancia del padre era resuelta por la habilidad de Mateo de señalar con una flechita cada integrante del dibujo. Wow, el pelo y las alas de tu mamá están muy bien coloreadas, aunque tú estas ya mas grandote que en esta foto, pero esta muy bien hecho. ¡Y oye, tu abuelo y yo no nos vemos tan viejos!

Dentro de unos meses Mateo cumpliría 8 años, la estancia en la montaña le había servido de mucho pues había recuperado su energía y sagacidad, su abuelo decía que de grande sería un excelente montañista. El aire de la montaña aunado a las medicinas habían elevado su esperanza de vida, ya no eran las pesimistas opiniones de los doctores que solo pronosticaban el lustro de vida para el niño, pero permanecía la sentencia de que los días finales serían tremendamente dolorosos, pese a las medicinas y tratamientos a los que se sometiera.

Las medicinas no eran baratas, y Nicolás tenía que bajar a la ciudad para conseguirlas con su trabajo. Cuando se quedaba en ella siempre volteaba hacia la montaña, mirando la estrella sobre la cumbre que hacía tiempo le había dedicado su esposa. La añoraba demasiado, hacía ya casi ocho años que ella había partido, el dolor de su pérdida fue compensada con la felicidad de ver a su hijo recién nacido.

Volveré a casa para Navidad mijo, dile a tu abuelo que no te lleve tan lejos, esta bien que ya te sientas mejor pero no abuses. Estaré bien papi, no te apures, mi mami me dijo que todo va a salir bien. Anda hijo, ve con Dios que Mateo y yo te estaremos esperando. Me traes luces de navidad papa, me gusta verlas cuando voy contigo a la ciudad.

Las nevadas se incrementaron a mediados de Diciembre, Don Pedro y Mateo la pasaban en su cabaña, al calor de la leña y contándose cuentos. El viento dejo de soplar días antes de Nochebuena. Don Pedro tenía que salir con los demás leñadores para buscar maderos y traer parte de la cena. Mateo permanecía en la cabaña, leyendo cuentos. Su imaginación volaba llegando hasta palacios encantados, monstruos marinos que combatía desde barcazas de papel, aventuras aéreas y viajes a los Polos, a la selva, al desierto, le encantaba mirar hacia la cumbre, blanca e inmaculada.

La cima nevada lucía majestuosa allá en lo alto, cuando de repente, distinguió una silueta enfundada en un vestido morado que se desplazaba sobre la nieve, a lo lejos la forma humana se movía con gracia sobre la pendiente nevada, los cabellos de ella ondulaban al viento. El niño experimentó entonces una agradable paz pero también una preocupación. Pobre señora, esta allá y no ha de poder encontrar el camino a casa. Sabía perfectamente que no estaba tan cerca y que si no lograba bajar, la montaña se cerraría ante ella y quedaría atrapada.

La ruta la conocía gracias a las caminatas que realizaba con su abuelo, aunque no había llegado más alla de donde crecen las rosas duras y heladas. Tomando su mochila colocó una manta para proteger del frío a la señora, los guantes, los tomo de su lugar sobre la chimenea y se puso el gorro de lana que le habían llevado los pastores. Comenzó su travesía cuando la tarde iniciaba su retirada, el viento era apacible y tranquilo. A la salida de los bosques Mateo se encontró con la penumbra que antecede al anochecer. ¡Luciérnagas!. Y en verdad, había luciérnagas en el camino, pequeños destellos de luces multicolores, ¡No sabía que hubiera animalitos de tantos colores! La luna comenzaba a relumbrar y él, animado y motivado continúo su camino, por fin sería el héroe de su propia aventura.

Cuando Nicolás llego hasta la cabaña de su padre, llevaba el pulso demasiado acelerado, el nombre de Mateo gritado en las alturas le produjo un miedo terrible. Se encontró con los habitantes de los alrededores y con Don Pedro que ya estaban dispuestos a partir en la búsqueda del pequeño. Dejando de lado los enseres que había llevado, de inmediato encabezo el grupo e inicio el ascenso. Papá, ¿Cuándo iremos a la cima? Pronto hijo, nada mas concluya el invierno y siempre que este seguro. Los recuerdos le asaltaban una y otra vez, el grupo dejo rápidamente el bosque siguiendo el rastro del pequeño, pero evaluando que la pequeña figura que subía aun se encontraba a una hora de distancia. ¡Luciérnagas! No puede ser, no hay luciérnagas acá. Pero las había, y brillaban demasiado.

Todos los leñadores que mantenían sus casas sobre la terraza de la montaña participaban en el rescate, nadie podía estar tranquilo y a resguardo sabiendo que un niño estaba en las alturas y expuesto a las inclemencias del tiempo, más aun debido a las inusuales y fuertes nevadas que se habían presentado. De repente, la montaña vibro, los copos de nieve que pendían de los árboles se precipitaron. ¡¡Avalancha!! Las cabezas de todos ellos se alzaron temerosas mirando la parte alta a donde la pequeña figura subía, sin embargo, el alud no provino de la parte superior, solo alcanzaron a mirar hacia abajo como sus casas eran sepultadas bajo las capas de nieve que se habían acumulado durante todos esos días de copiosas tormentas.

Los hombres miraron abajo abatidos, la luna iluminaba ampliamente pintando de un tono morado en todo su alrededor, una mezcla de rabia y asombro se asomaba en sus corazones, como era posible, como en navidad. Pero Nicolás ni siquiera lo noto, subía más rápido que todos, de repente cuando ya se encontraba a poca distancia de él, Mateo se detuvo, volteo a ver a su papá que le gritaba aferrado, pero a los oídos del pequeño solo le llegaba una canción, la mas hermosa jamás oída. Le dedicó la mas bella de su repertorio de sonrisas, desvaneciéndose después sobre el manto blanco. Una ventisca nubló entonces la visión del padre y las nubes comenzaron a cerrarse para ocultar el cuerpecito del niño detrás de ellas.

El corazón de Nicolás llego a reventar, palpitando desesperadamente, un corazón y un cuerpo agitado que contrastaba enormemente con el corazón estático y el cuerpo frío de su hijo, cuidadosamente envuelto en la manta que llevaba. La cara del niño pese al velo de la muerte lucía una sonrisa sin igual. El segundo en llegar fue Don Pedro, ambos se aferraron al cuerpo del niño y lo levantaron, volteando a la cumbre y mirando hacia el cielo donde una estrella, sea la de Belén, sea la que sea, lucía fulminante en el cielo como solo te puede ofrecer una vista en esas alturas de la tierra.

 No se dijeron nada, Nicolás bajo cargando la estancia física del alma de su hijo, las personas al verlo solo agacharon la cabeza y comenzaron el camino descendente, las nubes se abrían paso al avance del abuelo, del padre y del hijo. Caminan con la cabeza erguida, viendo de vez en cuando hacia abajo y siguiendo las huellas de la gente al subir ¿Las viste Nicolás? Si padre, si las vi.

Sobre la última ubicación de Mateo, el viento comienza a soplar borrando las huellas de la gente en su descenso. De igual manera, las impresiones sobre la nívea superficie de un par de piecitos y par de delicados pies que ascienden hasta la cima comienzan a desvanecerse tras el soplo de la montaña, y a lo lejos, colgados en el firmamento tres estrellas destacan sobre la oscuridad de un inmenso manto celeste.

2 comentarios to “Y los ángeles vendrán…”

  1. Karo said

    Hola, no me queda decirte que eres una persona con mucho talento, que eres una persona con ideas maravillosas, y que espero un dia encontrar todos estos cuentos publicados en un libro, sabes que cuentas conmigo para lo que se te ofresca y sabes que te quiero mucho y que eres una luz, en varias vidas, recuerda que siempre estas en mi corazon, y que tengas FELIZ NAVIDAD, excelente cuento.
    bUeNo Me DeSpIdo…. pero nos tamos viendo pronto

  2. ileana said

    mmm, un poco triste, pero lindo tu cuento, definitivamente que tienes mucho talento, que bien que lo publiques y lo compartas, consideráme una de tus fans, jaja!!

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